No hay día que mis amigos o familiares me pregunten cómo van los miedos y cómo me encuentro físicamente. Me he sorprendido mucho con la complejidad de los sentimientos que estoy teniendo estas últimas semanas y son muy difíciles de compartir.
Cada día, a todas horas, estoy pendiente de los movimientos de mi hija en la barriga, especialmente desde que superamos la fecha de la muerte de Xavi. Siento que esto terminará en cualquier momento y los ratitos que ella se toma una siesta yo los sufro muchísimo. Siento que se repite la historia, se me encoge el estómago y se me oscurece el alma. Estoy en estado de hipervigilancia permanente. Por suerte ella se mueve bastante a menudo y me tranquiliza, cada día de más que paso con ella es un regalo. Intento ser racional... nos han mirado el cordón varias veces y no han encontrado signos de nudos, nos controlan dos veces a la semana y las dos estamos bien...
Este es el sentimiento más natural, supongo, de todos los que atesoro estos días. Creo que es lo que se puede entender mejor, no lo comparto con casi nadie porque suelo estar sola cuando me agobio por no sentir movimientos. A pesar de eso la gente de mi alrededor piensa que es lo único que debo sentir y recibo muchos "tu tienes que ser positiva y pensar que lo que ocurrió no te volverá a pasar".
No tengo miedo a que me vuelva a ocurrir, o sí que lo tengo, o no... o si otra vez... mi cabeza da vueltas y siente distinto dependiendo de si la pequeña se mueve o no se mueve, si tiene hipo, estira una pierna o me hace cosquillas con sus manitas.
Pero en este final de embarazo hay mucho más que la angustia puntual cuando mi bebé duerme un ratito....
Últimamente lloro todas las noches. Y cada día por algo ligeramente distinto. El duelo por la muerte de mi hijo ha vuelto con mucha intensidad. El desborde de sentimientos, el trauma físico, el dolor de la pérdida, la impotencia y la vulnerabilidad...
Tengo miedo a que después de dar a luz vuelva a sentir el tremendo agujero de muerte en mi interior. Siento las ultimas pataditas de mi hija con muchísima nostalgia, con miedo a que al nacer sienta de nuevo el mismo vacío que sentí... mi hijo ya no se movía, mi hijo ya no estaba y me lo arrancaron de mi interior. No quiero volver a sentir eso, ese vacío, ese agujero negro de muerte que quedó en mí y no se fue hasta que me quedé embarazada de nuevo. Quizas por esto no me siento preparada para terminar el embarazo... ¿que me ocurre? Alargarlo también es una agonía... pero no me quiero quedar sola de nuevo... no quiero...
A pesar de todo, en este parto habrá despedidas. Quizás tenga a mi bebé en brazos y también haya bienvenidas... pero despedidas también habrá porque en en cualquier caso no ella ya no estará dentro de mí. Ya nunca volveré a sentir sus pataditas y su hipo...y quizás siento que esto me conecta aun con xavi... aunque sé que no es él el que baila en mi interior, fue lo único que tuve y que mi hija ahora haga lo mismo inevitablemente me conecta con el amor que sentía, que siento, por los dos.
Pero no me da miedo perder la conexión, no es que estos movimientos solo me hagan recordarle... es que realmente temo volver a sentir ese agujero en mi interior que se llevaba todo lo demás de mi vida, toda mi energía, toda yo.
No estoy lista para desprenderme de esto aun, no me siento lista para despedirme del embarazo 😞
Tengo miedo a revivir el trauma físico de un parto terrible. Día 3 de marzo de 2017, sigo sin notar a mi bebé y nos vamos corriendo al hospital. Nos comunican que nuestro hijo ha fallecido y que DEBO dar a luz a mi bebé ... Yo, en shock, no discuto nada y voy viendo como todos toman el control de mi cuerpo. Yo estoy en shock, realmente hago todo lo que me dicen, agáchate, me agacho, coge mi mano, la cojo, aprieta, aprieto... Sin rechistar, sin llorar, sin gritar. No puedo con ello, mi mente se ha disociado, esto que estoy viviendo no entra en mi cabeza, es imposible de asimilar. Unas semanas más tarde tengo primera crisis de stress postraumático. Ahora sí... ahora grito, lloro, pataleo, ... no quiero parir así, no quiero dar a luz a mi bebé para no volver a verle nunca más... quiero que se quede conmigo... no me lo quitéis... Y a la vez que siento las contracciones de nuevo, siento como todo mi cuerpo lucha contra ellas, cierro las piernas con fuerza y no quiero...no quiero dar a luz.
Siento que fue como una violación... Tuve que hacer algo con mi cuerpo que no deseaba, que me dolió y me partió el corazón, tuve que obedecer y dejarme totalmente en manos de otros. Ya no era yo. No tenía fuerzas para luchar, no podía ganar, era inevitable. Y me dejó destrozada por dentro y por fuera.
¿Como me sentiré al dar a luz ahora? Tengo mucho miedo a revivir el trauma, a transportarme a ese terrible recuerdo, miedo a volver a sentirme vulnerable e indefensa.
No estoy segura de cómo me sentiré al tener a mi hija respirando en mis brazos. A veces siento que no la podré soltar, que no dejaré que nadie la coja o se la lleve... que no podré separarme de ella. Otras veces siento que se la daré a mi marido y no la querré. Yo aun quiero a Xavi, es el deseo de todas las velas, que vuelva... y el dolor es tan intenso aún... la tristeza es tan grande... que tener otro hijo me dejará indiferente. Últimamente el sentimiento que prevalece es el primero, que no podré soltarla y la protegeré por dos. Pero la otra versión también ha estado muy presente durante el embarazo, sobretodo porque no había vinculo entre la pequeña y yo, y era un embarazo tan distinto a todos los demás... sin expectativas, sin ilusión... que me parecía que al nacer no la querría.
Sigo estando muy triste por la muerte de mi hijo. Aunque esté a punto de abrazar a mi pequeña, Xavi siempre está en mi mente, le echo muchísimo de menos, me encantaría que estuviera aquí con nosotros, con sus casi 20 meses, jugando divertidisimo, precioso. Un hijo no sustituye a otro, Cris tendrá su lugar igual que Maria, Max y Xavi tienen el suyo. Y eso significa que seguiré estando triste por no tener a uno de ellos a nuestro lado, y por todo lo que él se está perdiendo.
Tengo muchas pesadillas. La más recurrente es que doy a luz a mi hija y se la llevan... mi marido y yo no entendemos nada, nadie nos informa, no sabemos donde está, si está bien... no está con nosotros. Corremos por el hospital buscándola desesperados...
Me da miedo que esta vez me ocurra algo a mí. Dejar solos a mi marido y a mis hijos con todo lo que ya han sufrido sería terrible para ellos. Ellos también han sufrido mucho, y todos necesitamos que algo vaya bien.. Pero el miedo irracional me hace sufrir por algo que es bastante improbable... y me despido de ellos todas las noches por si en el parto me ocurriera algo a mí. Por favor.... no podrían con más, ya hemos sufrido todos demasiado... por favor... que podamos seguir la lucha juntos.
Quiero intimidad, pero también visitas, o no... solo intimidad, es un momento privadísimo de nuestra familia... pero también lo quiero celebrar, pero no, mejor solos... Esta es la locura del post-nacimiento. Nos han avisado que esto será así todo el postparto. A veces querremos visitas, otras querremos estar solos. A veces querremos compartir, otras escondernos. A veces lloraremos y otras veremos brillar la luz en nuestro hogar. Cuesta mucho organizar cuando no sabes como te sentirás en cada momento, porque ahora ya no te sientes igual a todas horas... nuestros sentimientos van montados una montaña rusa. Seguramente lo que más necesitaremos será intimidad para creernos que esta vez sí, que esta vez nuestra hijita estará en casa.
Lo que más me ayuda es la atención y el cariño que estoy recibiendo por parte de los profesionales. Entrega total. Escucha, comprensión, seguimiento exhaustivo... El embarazo después de una muerte perinatal es muy complejo, con altibajos constantes, casi sin vínculo, con muchos miedos y sentimientos contradictorios. Absurdo y natural. Y el último mes es la agonía final. Yo llego al parto agotada física y psicológicamente, pero con la seguridad de que todos los que me atenderán estarán a mi lado para que poco a poco pueda ir sanando las heridas que el parto anterior me dejó.

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